Cuando por primera vez pude contemplar las obras de Takeshi, lo primero que experimenté fue la quietud, porque sus obras son quietas y sobrias, así como plásticamente muy elaboradas con un buen sentido estético. Pero esto no significa que sean simplemente pulcras o bonitas, sino que son, a la vez, profundas y desafían al espectador a meditar sobre el mundo y el espíritu humano, sobre el hombre y sus circunstancias. Al acercarnos a las obras de esta exposición, debemos hacerlo con una visión profunda. Si uno mirara sus pinturas sólo superficialmente, se engañaría, acabando con la falsa impresión de que es un artista típicamente contemporáneo. Y ante todo la obra de Takeshi es una búsqueda constante en el pasado para entender el presente, tanto manifestada esta búsqueda en su técnica como en su expresión. Deambulando y saboreando la obra de Takeshi, observo con profunda claridad algo que siempre ha defendido un gran artista y excelente amigo, Jordi Pallarés que “aquello que tú ya sientes no es conveniente explicarlo, sólo expresarlo”; y Takeshi, desde su quietud y su silencio, vuelca todo su interior.
Mª José Martí
Sendero
Cada día camino por el sendero. Mientras ando su espacio se transforma. Creía que andaba por un plácido camino bordeado de flores cuando, de repente aparecen unas escarpadas cuestas rocosas. A veces mis pasos se adelantan en la oscuridad de los espesos bosques. A veces estoy dentro de la enorme sequía que ni sombra acoje. O puede que me encuentre atrapado en el lodo, empapado por la lluvia helada. Ninguna dificultad logra impedir mi trayecto, sigo caminando sin descanso.
Mis cinco sentidos vibran cristalizando emociones en mis obras. Cuadro tras cuadro se forma la estela que me sigue. Así contemplándolos, aparecen en el camino, mi trayectoria personal como si fueran señales de vida. Mientras tenga fuerzas andaré mi sendero aunque sólo sea un paso más.
Hoy también seguiré avanzando.
Takeshi Motomiya
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